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Poseedora de una excelente técnica, la obra que comentamos. Muy en la onda de algunos pintores encuadrados en el llamado “realismo madrileño”, y en particular de Isabel Quintanilla, supone una investigación muy atractiva entre figuración y abstracción, con especial preocupación por los aspectos estructurales del cuadro. Cuadro que, por otra parte, habla en muchas ocasiones del proceso de la creación.

Para éllo,  recurre Isabel Pintado a la ruptura de planos que como en el caso de “ Paisaje encerrado “ se resuelve con gran brillantez y originalidad. De este proceso creativo dentro de la propia obra destacaremos, por proponer algunos ejemplos, lienzos como “Mentiras” y “ La niebla se vuelve otoño”.

Joaquín Lens . (Crítico de arte La Voz de Galicia)

“Isabel Pintado nos lleva a un delicado mundo de intimidades y lirismos hondamente sentidos, nos abre las ventanas de sus estancias interiores para que entre el paisaje ensoñado: los mares, las playas, los celestes horizontes, los misteriosos bosques o los campos de un verde tierno y con ellos, la lluvia, el aire, la luz y ante todo, una

impalpable nostalgia.

Pintado tiene un alma de poeta y busca expresar las temperaturas y paisajes de su propio espíritu o las emociones que lo conmueven y que brotan de la dulce experiencia de la huidiza belleza. Tal vez por ello, todas sus composiciones ofrecen como atalaya el alféizar de un amplio balcón o una mesa adosada al alféizar, sobre las que reposan cajas azules en las que se encierran inhabables secretos, o tiernas ratitas o un pequeño vaso con flores o un frágil bonsái que nace, como un milagro, más que de un enraizamiento en la tierra, de la transparente luz y del insensible aire. El contrapunto que establece en sus cuadros claro exponente de la dualidad anímica en la que el ser humano vive.”

Anxeles Penas  (El Ideal Gallego)

Isabel Pintado y la realidad difusa

Isabel Pintado ha buscado un camino. Sus tablas y lienzos encuentran una vía personal a través de la introspección, de la indagación de los sentimientos que en su interior generan las cosas cotidianas frente a las que se encuentra. Por ello surge la segunda dimensión en su obra: una vía hacia la abstracción que nace espontáneamente, que se desenvuelve con ligereza en la superficie con un sentido casi musical.

Esta fusión, donde ninguna de las dos expresiones domina plenamente, conduce su estilo sobre el vértice de dos concepciones artísticas, dando forma a unas obras, en las que la armonía ocupa un lugar concluyente en busca del sosiego, como si fuese el introito a una conversación trascendental en la que nos sentiremos acaso más humanos al descubrir esa otra dimensión no sensible.

Podemos definirla como lírica, y es que sin llegar a imponerse plenamente esa vía, si que se acerca a aquella senda donde los pintores que surgieron junto a Rothko llevaron la abstracción hacia estos derroteros. Aquí, sin embargo, la realidad retrae de nuevo la mente hacia lo tangible, evidenciando el motivo a partir del cual se desarrolló el viaje interior de la artista hacia el que nos vemos proyectados a través del cuadro.

La pintura de Isabel Pintado, como los sentimientos, hay que aprender a escucharla. Se desarrollo, ligera, casi en silencio y siempre reposada, con escasa materia para acercarla a la dimensión espiritual y con colores cuyos perfiles se deshacen, formas que se superponen e intercalan nacidas de lo onírico, el recuerdo, el pensamiento asumido,  cuyos ecos se retraen más ciertamente a través de texturas siempre sutiles. Una sensación espontánea se deriva de aquí. Una naturalidad surgida de la sinceridad, de las imágenes que acuden y se desarrollan para transmitir.

Comunicación como sentido último del arte, desde las antípodas del materialismo dominante. Así, las alusiones a los libros y las flores abundan en su producción, unidas a la idea del viaje constante y a la entonación general que aplica a cada una de sus obras.

Colores extraños, desde los rojos a los verdes y fríos azules, la Naturaleza escondida llena de forma invisible, mediante su esencia, cada una de las superficies. Realidades que se superponen, playas y bosques imaginados y  siempre un horizonte alto que permite el desarrollo plástico de sus mundos literarios y pictóricos a un tiempo.

Fernando Rincón ( El Punto de las Artes)